Rolo llegó primero, con tres meses y un carácter ya formado. Independiente, territorial, silencioso durante el día y vocal toda la noche cuando algo le inquieta. Al principio nos desesperaba. Ahora entendemos que así es como trabaja un mastín: duerme de día para poder vigilar de noche.
Oso vino después, aunque llegó siendo un cachorro más pequeño que Rolo, terminó siendo más grande que Rolo pese a ser más joven, con una presencia que intimida a primera vista y una docilidad que sorprende cuando le conoces. Y Runa, la única hembra, que resulta ser la más lista y la que de verdad lleva el orden en la manada.