Saltar al contenido
Tomateras del huerto, con los aciertos y errores de esta temporada de cultivo.

Disfrutamos de la abundancia que nos regala la naturaleza

La finca se llama Fuente lo Alto y está en Villaviciosa de Córdoba, en plena Sierra Morena. Le viene el nombre de una fuente muy antigua que hay en ella, que la gente mayor del pueblo aún recuerda por la calidad de su agua. Algo más de 20 hectáreas de monte y pastos donde intentamos demostrar, poco a poco, que se puede vivir de otra manera.

No llegamos con un plan cerrado. Llegamos con ganas de aprender y con la lista de errores creciendo cada semana. Vivimos en el monte desde 2022 y en Fuente lo Alto desde octubre de 2025: lo que hoy ves aquí —el huerto, los animales, el agua, los cerramientos— es el resultado de ese ensayo y error, documentado en el blog tal y como pasa.

Qué hay en la finca

  • Huerto y bosque comestible. El huerto experimental de horticultura regenerativa, unos 250 m² de bancales permanentes, y un bosque comestible de unos 2.500 m² que ahora mismo está en obras: los 20 hoyos abiertos y los frutales esperando en espuertas a que llegue el otoño.
  • Granja. Gallinas y gallos, ocas, patos, codornices, palomas y pavos viven sueltos dentro de la hectárea que tenemos vallada, con pastoreo rotativo. El cerramiento es lo que nos permite convivir con los jabalíes, zorros, ciervos, ginetas y meloncillos que hay por aquí. Los conejos van en recintos: en libertad no hay forma de tenerlos seguros.
  • Guardianes. Rolo, Oso y Runa, nuestros tres mastines españoles, vigilan el gallinero y el resto de animales. Y con ellos Floki, un bodeguero de doce años adoptado en una protectora de Cádiz que se considera mastín a todos los efectos.
  • Agua. La fuente mana poco pero todos los días. El suministro sube desde unos 200 metros de distancia con una pequeña bomba solar de 24 V: unos 500 litros diarios, que dan para nosotros, los animales, el huerto y los árboles. El riego es otra cosa: baja por gravedad, sin bomba ninguna. En los dos casos, sin conexión a la red eléctrica.
  • La casa. Un refugio de 1920 que hemos restaurado nosotros. La mitad de las paredes son de barro y piedra. No es bioconstrucción al cien por cien —hay termoarcilla y morteros industriales—, pero hemos tirado de lo que da el entorno y de la estética de un cortijillo cordobés de familia trabajadora de campo: nada de señoríos.

¿Qué estamos haciendo ahora?

Cada uno de estos frentes es en realidad un proyecto en curso, con su propio grado de avance y sus propias necesidades. Puedes seguirlos todos en Proyectos en la finca, y si quieres ayudarnos a que avancen más rápido, en Colabora explicamos cómo.