
De las pantallas a la tierra: Quiénes somos.
Somos Mercedes y Roberto. Durante gran parte de nuestras vidas, nuestro mundo se medía en líneas de código, pantallas y el ritmo acelerado de la ciudad: ambos somos informáticos de profesión. Sin embargo, siempre compartimos un sueño silencioso que nos empujaba con fuerza hacia el exterior, hacia la tierra y la naturaleza.
Nuestro camino no fue un salto al vacío de la noche a la mañana, sino una transición paciente: empezamos cultivando en cajones en una terraza urbana de 100 metros cuadrados; después dimos el paso a un chalet con una pequeña parcela y, finalmente, decidimos ir a por el sumun de nuestros sueños. Hoy gestionamos una finca de más de 20 hectáreas (200.000 m²) donde experimentamos, nos equivocamos y aprendemos cada día.
El alma del proyecto y nuestra familia de cuatro patas.
Si este proyecto tiene un motor, ese es Mercedes. Su amor absoluto por la naturaleza y su dedicación a la cría y mantenimiento de los animales es lo que da vida a este lugar.
No estamos solos en esta aventura. Los verdaderos guardianes y señores de la finca son nuestros cuatro perros: Rolo, Oso y Runa, tres imponentes mastines que se toman muy en serio su trabajo de protección, y Floki, un pequeño cruce de bodeguero andaluz que, aunque ya está viejillo, sigue siendo el rey de la casa.
Ellos cuidan de nuestra granja en semi libertad. Contamos con unas dos hectáreas valladas donde nuestras gallinas, ocas, conejos, codornices, palomas y pavos se mueven libres y protegidos de los muchos zorros, jabalíes y depredadores que habitan de forma natural en el resto de la finca. Creemos firmemente en una ganadería respetuosa, donde el bienestar animal está siempre por encima de todo, obteniendo de ellos carne y huevos en las mejores condiciones posibles.


Construido con nuestras propias manos (y sin filtros)
Cuando llegamos aquí, esta finca estaba completamente abandonada. Solo servía como cazadero y poco más. No había agua, ni luz, ni caminos, ni estructura. Todo lo que ves hoy lo hemos levantado nosotros mismos, con nuestras propias manos y mucho sudor: desde la vivienda hasta el sistema de agua y riego alimentado por placas solares, pasando por el huerto experimental y las instalaciones de los animales.
Aquí practicamos la agricultura ecológica, la gestión responsable de residuos y aguas residuales, el uso de baño seco e incluso la cinegética responsable.
Pero queremos ser honestos: la vida en el campo no es una postal idílica ni tiene el glamour que a veces se vende en las redes sociales. Hay días duros, herramientas que se rompen, imprevistos climáticos y mucho cansancio físico. Este blog es nuestro cuaderno de bitácora real, un lugar donde registrar las alegrías, pero también las anécdotas más crudas y realistas que, quién sabe, quizás algún día terminen convertidas en un libro.
Queremos ayudarte a dar el paso (Y necesitamos tu ayuda)
No queremos que este conocimiento se quede solo entre nuestras vallas. Nuestro propósito es demostrar que el cambio es posible, documentar nuestros aciertos y errores, y ayudar a otras personas que, como nosotros en su día, sueñan con dar el paso hacia una vida más autosuficiente y conectada con la tierra.
Para lograr los ambiciosos objetivos ecológicos y de conservación que tenemos por delante, queremos construir una comunidad viva. Si te apasiona lo que hacemos, hay muchas formas en las que puedes formar parte de Nuestra Vida en el Campo:
Pequeñas aportaciones: Microdonaciones económicas que mantienen este proyecto y este blog vivos.
Voluntariado: Viniendo a echar una mano sobre el terreno y aprendiendo con nosotros.
Donaciones en especie: Herramientas, materiales o recursos que ya no uses y nos ayuden a seguir construyendo.
