Sin electricidad de red ni fontanero, montamos un sistema completo de riego alimentado por placas solares. Cada error y cada acierto, documentado.
La idea era sencilla: usar la energía solar para bombear agua desde la balsa hasta el huerto sin depender de la red eléctrica ni de combustible. En teoría. En la práctica, tardamos tres semanas y cometimos errores que ahora nos parecen obvios pero que en su momento nos costaron tiempo, dinero y algún que otro disgusto.
El mayor aprendizaje: el caudal de una bomba solar no es constante. Varía con la irradiancia, con la temperatura del panel, con la tensión de la batería. Diseñar el sistema sin tener en cuenta esas variaciones fue nuestro primer gran error.
